Me acuerdo. No me acuerdo. Me acuerdo. No sé que tan cierto sea ese recuerdo pero aún puedo escuchar el sílbido en mi cabeza. Mi padre me mecía en sus brazos en las noches y me sílbaba una melodía.
En las mañanas me daba vueltas en el coche antes de que fuera la hora para entrar al kinder. Crecí, un poco más que los demás niños, porque siempre he sido una niña/mujer grande y quería ser como Bob Ross ( " un feliz árbol por aquí, una solitaria montaña, donde vive un viejo leñador"), pintaba árboles, casas y pájaros para regalarselos a mi papá.
Las tortas de aguacate que nos preparaba a mi y a mi hermano mientras veíamos capítulos de MacGyver, el verano en que decidió que era una gran idea ponernos a transcribir capítulos de la Biblía. El Parque y las infinitas tardes. Las cenas de los Jueves con mis abuelos.
El dibujo de Sor Juana Inés de la Cruz que me hizo para la escuela. Jugar al súper. Los Sábados en El Chopo o en cualquier tianguis buscando discos de The Beatles en vinil. El y yo en el slam del primer concierto de Placebo en Mexico ( Antes de que Placebo valiera madres, obviamente).Las gelatinitas que practicaba en mis gordos cachetes. El juego de té que me regalo en mi cumpleaños # 6.
Alguna vez mi papá salió de viaje a Taxco y como siempre, me trajo un regalo. Dijo que le habían dicho que el contenido de esa cajita ( que puso en mis gordas manitas) se lo tenía que dar a la mujer que más quería. Me lo dio a mi.
La infancia, claramente, es mucho más fácil que la adolescencia, especialmente para hijos de padres separados que deciden que es bueno que sus hijos tomen un bando. Me convertí en una señora pequeña y me alejé de mi padre. La hostilidad, la frustración y el rencor se hicieron parte de mi vida cotidiana en relación a mi padre. Y aunque abandoné el circulo y lo solté un poco, siempre hubo una parte que no cicatrizo.
Hoy, veinte años ( más, menos) más tarde, tuve una conversación con mi padre, mientras comíamos pastel de elote y tomabamos café. Corta, concreta y honesta ( como tienen que ser la gran mayoría de las cosas). Y aunque ya lo sabía, confirmarlo fue ligeramente shockeante :
Voy a tener un hermano
Medio hermano. Un/una persona de la cual no me puedo desafanar tanto. Y todavía no lo creo. Dicho hermano no ha nacido, todavía está en la panza de su jefa y su existencia, ha causado cierto ( aunque discreto) revuelo. Y quiera o no, muchas cosas cambiarán.
Mi padre y cada una de sus cosas. Mi padre y el tiempo que cuido de mi. Mi padre que nunca me abandono. Mi padre que aunque tomé decisiones raras, es mi padre y no puedo decirle que no.
Al fin cumpliré mi sueño de tener un chalán enano.
Y ya, no pienso hacerla de jamón.
