Ayer por la tarde-noche estuve ( grotezcamente ) echando unos tragos con mi buena amiga Valería en ese famoso lugar llamado El Hijo del Cuervo que tiene un aire noventero y de gente que escucha cosas como Real de Catorce o Caifanes, cabrón. Para mi desgracia, creo que es el único lugar donde venden alcohol ( que no sea restaurante ) en el cuadro principal del centro de Coyoacán. Recuerden, no tomo chela. Lo siento, es mamón, es pretencioso, tal vez pero sabe a pipí de tortuga mocha.
Generalmente no tomo en Lunes pero ayer teníamos motivos para festejar, motivos para sonreir como idiotas, motivos para sentirnos felices, decepcionadas, estúpidamente ilusionadas y motivos pa mentar la madre y nos pareció una gran idea echarnos unos güisquis.
Fue un acto ligeramente suicida por que a las 9 p.m tenía que estar en ese cómodo sillon azul de mi terapeuta y estaremos de acuerdo que llegar ligeramente ebrio a tu terapia, no es muy sano y tampoco habla muy bien de ti. " Yo no tengo problemas" en un plan bastante José José.
Sin embargo, mi terapia de ayer fue todo un éxito y creo que ha sido el paso más cabrón que he dado en mucho tiempo y estoy sumamente orgullosa de mi y de todos los que me aguantaron durante mi etapa de pendejez. Shit happens.
Hubo cierta declaración de mi terapeuta que me saco un poco de mi eje ( o de onda, como dice la chaviza ) y no sé que tan cierta sea. Creo que los días tienen que pasar para que todo lo que he pensado y lo que he sentido se asimile.
Sólo quería compartir, con ustedes, mis muy estimados lectores a los cúales no conozco, que ya estoy al otro lado del río y también saciar mi necesidad de escribir.
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24 de junio de 2008
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